CANARIAS TEME POR EL
SÁHARA
EL CONFLICTO NO RESUELTO
DEL SÁHARA OCCIDENTAL SE PERCIBE EN LAS ISLAS COMO UNA POTENCIAL FUENTE DE
INESTABILIDAD
Nazaret Castro. LA CLAVE,
agosto de 2007
Cuando el pasado mes de
marzo José Luis Rodríguez Zapatero manifestó su “aprecio e interés” por la
propuesta marroquí de dar una autonomía limitada al Sáhara Occidental, se armó
un auténtico revuelo. Todos los grupos parlamentarios criticaron en el Congreso
lo que interpretaban como un “cambio de timón” en la tradicional postura de
“neutralidad” de España, por mucho que el ministro Miguel Ángel Moratinos
alinease su postura con la de la ONU. Coalición Canaria (CC) ha sido una de las
fuerzas políticas más reticentes a este viraje.
En las Islas se percibe el
conflicto desde otra perspectiva: la que da la cercanía geográfica y la
presencia de una importante colonia de saharauis huidos de sus tierras cuando
Hassan II inició la ocupación, hace 32 años. Para CC, la actitud del Gobierno
dificulta la resolución de un conflicto que, de permanecer confinado en el
cajón del olvido, podría aumentar la inestabilidad de una zona más que
sensible, donde la desesperación de los pueblos es caldo de cultivo para el
fundamentalismo islámico.
Los canarios tienen una
segunda razón de peso para apoyar al pueblo saharaui: la presión migratoria.
Marruecos ha incentivado que más de 200.000 de entre los más pobres de sus
súbditos colonicen los territorios ocupados, y muchos de ellos parten en cayuco
hacia las Islas Canarias sin que las autoridades marroquíes pongan mucho
interés por interceptarlos.
CC ha criticado la postura
“confusa, equidistante y, por tanto, injusta” de La Moncloa. El presidente
canario, Paulino Rivero, apoya la resolución 1.754 de la ONU, que insta a las
dos partes a buscar una solución “justa y viable” a través de unas
negociaciones bilaterales “sin condiciones previas ”que comenzaron en junio y
se retomarán en agosto en Nueva York. Mientras no cristalicen en algo, CC
considera vigente la resolución 1.495, que contempla el referéndum de
autodeterminación. Según el diputado popular Gustavo de Arístegui, el Sáhara
“ha estado en la base de las tensiones que se percibieron en la última campaña
electoral entre CC y PSOE”. Sin embargo, el Gobierno canario ha sido más
ambiguo otras veces, presa de los intereses comerciales y estratégicos que
aconsejan llevarse bien con el vecino alauí.
RESPONSABILIDAD HISTÓRICA
Hace más de 30 años, una
mala descolonización del Sáhara español dejó al pueblo saharaui a merced del Estado
marroquí. La imagen de los saharauis corriendo con sus baúles sobre la arena
del desierto, huyendo del Ejército de Hassan, que ocupaba el territorio
mientras lo abandonaban las fuerzas españolas, dejó una profunda huella en toda
una generación. Una “vergüenza colectiva”, en palabras de Montserrat Muñoz,
diputada de IU-ICV, que “explica la profunda solidaridad del pueblo español
hacia los saharauis” y contrasta con el “desinterés” de los sucesivos
Gobiernos.
Las conversaciones de Nueva
York dejan un resquicio a la esperanza después de un largo ‘impasse’. Todas las
partes implicadas han saludado la iniciativa de la ONU como una “buena señal”,
aunque el Frente POLISARIO sigue siendo escéptico respecto a la buena voluntad
negociadora de Marruecos, que a lo largo de estos 30 años “ha colocado todo
tipo de piedras en el zapato” para incumplir las resoluciones de la ONU.
Fátima Aburto, portavoz
socialista de Exteriores en el Congreso, explica que “el Gobierno nunca apoyó
el plan de autonomía marroquí; lo que dijo es que le parecía bien el esfuerzo
de Rabat para iniciar negociaciones”. Para el pueblo saharaui es una opción
inaceptable, y no sólo porque implica reconocer la soberanía marroquí sobre el
Sáhara. Como explica Limam Boicha, poeta saharaui asentado en España, “si el
tema se cierra por la puerta falsa, la comunidad internacional se lavará las
manos: dejará de ser un vestigio de la descolonización para convertirse en un
problema interno de Marruecos”. El PP pide que las dos partes huyan de posiciones
maximalistas: para Arístegui, “ni la opción independentista es aceptable para
Marruecos, ni una autonomía limitada lo es para el Polisario”. A su juicio, una
solución intermedia podría ser una autonomía más amplia, quizá con un modelo
confederativo. Pero resulta difícil conjugar esta vía con el reconocido derecho
a la autodeterminación de un pueblo que se inclina masivamente por la
independencia.
Cuando Marruecos lanzó su
Marcha Verde en 1975, España atravesaba un momento delicado, al borde de la
descomposición entre la agonía del dictador Francisco Franco y una situación
económica explosiva. Por eso dice Zahra, enfermera saharaui que lleva doce años
viviendo en Madrid, que “la actuación anterior de España puede entenderse por
el contexto histórico; lo que no tiene justificación alguna es lo que se ha
hace ahora”. Zahra lo tiene claro: “Menos kilos de arroz y más apoyo
diplomático a nuestro pueblo”, resume, desdeñando los 6 millones de euros que la
AECI destinó al Sáhara en 2006. Y concreta lo que pide: que el Estado español
reconozca a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), como hacen ya unos
80 Estados, la mayoría africanos y suramericanos. “Los que no tienen
intereses”, subraya Zahra. Lo mismo solicitó ERC en el Congreso. El PP y el
PSOE se escudan en que es jurídicamente imposible; de ahí que IU abogue por
“algún gesto” oficial hacia el Frente POLISARIO.
Similares razones de
legalidad esgrimen los socialistas si se les pregunta por el acuerdo pesquero
firmado, la UE mediante, con Marruecos, al que los saharauis se oponen porque
supone aceptar que sus aguas están bajo la soberanía de Rabat. “Hay una
realidad que puede no compartirse políticamente, pero que está ahí, y es que
esos territorios están bajo la soberanía de Marruecos”, argumenta Fátima
Aburto. Sin embargo, Suecia se ha negado a rubricar el texto, tal vez porque,
como apunta Zahra, “tiene más ética que España”. O menos intereses.
PETRÓLEO POR DIPLOMACIA
Porque, ¿a qué tanto interés
por un inmenso desierto de
El oro negro fue el
instrumento que quiso utilizar Marruecos para inclinar la balanza internacional
a su favor, atrayéndose a dos potencias con voto en el Consejo de Seguridad de
la ONU. En 2001, Rabat firmó dos autorizaciones de prospección de crudo en el
Sáhara: cedió a la compañía norteamericana Kerr-McGee una extensión de
Fue la España de José María
Aznar la que frustró los planes de Rabat, al negarse a respaldar a Francia en
Bruselas. Aunque, como ha denunciado CC, “ningún Gobierno ha tomado el toro por
los cuernos” en este conflicto, el PSOE ha tenido tradicionalmente un mayor
interés por atraerse a Marruecos como principal aliado. El país vecino, por su
parte, ha sabido utilizar sus armas para convertir el Sáhara en moneda de
cambio. Un diplomático español conocedor de la zona sostiene que el terrorismo
islamista y la inmigración fuerzan a “apoyar a Mohamed VI como sea”.
DERECHOS HUMANOS
Mientras, 180.000 saharauis
sobreviven en penosas circunstancias en los campamentos de refugiados de Tinduf,
al sur de Argelia, y 120.000 habitan los territorios ocupados por Marruecos,
que vulnera sus derechos. Eso es, al menos, lo que denuncian el POLISARIO,
asociaciones como Amnistía Internacional y la propia ONU. Diversos informes
hablan de presos políticos, desaparecidos y torturas, además de una represión
sistemática de los derechos políticos de la población saharaui. Algunos hablan
abiertamente de genocidio. Un caso reciente es el de Saltana Khaya, una
estudiante que perdió un ojo a manos de un policía marroquí durante una
manifestación en Marrakech. La activista Aminetu Haidar denuncia que “se
tortura a diario” y que, en los últimos tiempos, “la policía está dirigiendo su
estrategia represora contra mujeres y niños”.
¿Exageran? Lo cierto es que
sólo teniendo algo que ocultar se entiende la actitud de Rabat, que ha negado
el acceso a sucesivas delegaciones de parlamentarios españoles, prohíbe la
entrada a los periodistas y mantiene en el Sáhara un control policial férreo y
más de 150.000 soldados, que absorben con el 20% de su presupuesto militar. De
ahí los reparos de IU y CC ante los últimos contratos de venta de armamento a
Marruecos: 1.200 vehículos blindados, 800 camiones militares y diez
patrulleras; un suculento bocado de 200 millones de euros. En una encrucijada
envuelta por tantos intereses, los saharauis saben que es el apoyo de la
opinión pública internacional lo que ha impedido que Rabat no se haya
anexionado ya sus ‘provincias del sur’. Esa es su mayor fuente de esperanza. En
palabras de Aminetu Haidar, “lo que no hacen los Gobiernos pueden conseguirlo
los pueblos”.
¿QUÉ FUTURO?
“En el desierto”, dice
Montserrat Muñoz, “no hay futuro”. No lo hay, desde luego, para los jóvenes que
han nacido en tierra de nadie, estudian una licenciatura en Cuba, España o
Argelia y se ven forzados a volver al desierto. Con todo, el pueblo saharaui no
ha caído en la desesperación. Todavía. “Intentamos convencerles de que sigan
resistiendo pacíficamente, pero, ¿hasta cuándo podremos contenerlo, si sigue
habiendo torturados?”, se pregunta Aminetu. La sombra del terrorismo está en el
aire. Como ex potencia colonizadora, la ONU encomendó a España el deber de
tutelar al pueblo saharaui. Una responsabilidad histórica que, por el momento,
el Gobierno ha eludido. “Si tanto le gusta a Zapatero cumplir con la legalidad
internacional”, increpa Muñoz, “que haga frente al único reto que la comunidad
internacional nos ha encomendado”. “No tiene objeto revivir errores del pasado
a menos que iluminen el presente”. Con esta cita de la escritora británica de
origen iraní Doris Lessing inicia Tomás Bárbulo su documentado ensayo ‘La
historia prohibida del Sáhara español’. Su visión del conflicto no puede ser
amable. Lo conoce demasiado bien. Por eso habla de “una historia de heroísmo,
crímenes, amistad, traiciones, dinero e intereses políticos”.
EL MOVIMIENTO SOLIDARIO
LA SOCIEDAD ESPAÑOLA APOYA
MASIVAMENTE LA CAUSA SAHARAUI
“Si de algo puede estar
orgulloso el pueblo español es de su solidaridad”, sostiene Montserrat Muñoz,
diputada de IU. En su opinión, el pro-saharaui es “el movimiento solidario más
importante de España”. También, seguramente, el más heterogéneo: reúne a
militares veteranos y jóvenes de izquierdas. Existen en el país unas 180
asociaciones; sólo en 2001, 8.000 niños saharauis fueron acogidos en vacaciones
y 6.000 españoles visitaron los campamentos de refugiados de Tinduf, al sur de
Argelia. Y ello pese al “bloqueo informativo” que denuncia la activista Aminetu
Haidar.
Nazaret Castro. LA CLAVE,
agosto de 2007