Los conflictos que no son olvidados y que logran concitar la
solidaridad internacional acaban por solucionarse.
Esteban Silva Cuadra
Analista internacional
UN ARTÍCULO DEL columnista de "Der Spiegel" Daniel
Steinborth titulado "¿Qué es exactamente un saharaui?" (La Nación,
08/06/2007), aunque discutible en varios aspectos, ayuda a visibilizar un
conflicto actual y dramático que afecta a un pueblo que lucha por su
autodeterminación y por recuperar todo su territorio. La cuestión del Sahara
Occidental es un asunto de descolonización. Así lo ha tratado la ONU desde
1963. La República Árabe Saharaui Democrática (RASD), representada por el
Frente POLISARIO donde aún no es reconocida, se sitúa en el noroeste de África.
Tiene fronteras con Argelia, Marruecos y Mauritania y está a 100 kilómetros de
Islas Canarias. Se fundó el día que el Sahara Occidental obtuvo su
independencia de España y que Marruecos y Mauritania le declararon la guerra;
posee un Gobierno democrático instalado en suelo aledaño al muro levantado por
Marruecos (que ocupa ilegalmente parte importante del territorio). La RASD
representa a los saharauis que habitan en esas zonas y en los 25 campamentos de
refugiados en el Sahara argelino y la Hamada.
Sus principales recursos son fosfato, petróleo, gas natural,
hierro, uranio y tiene más de mil 600 kilómetros de costas. Los saharauis
representan la única nación árabe africana de habla hispana. La RASD es
reconocida y mantiene relaciones diplomáticas con más de 82 países. En América
Latina y el Caribe sus lazos son con Uruguay, Bolivia, Ecuador, Venezuela,
Nicaragua, Cuba, Panamá, Haití y México, entre otros. En su calidad de miembro
de la Unión Africana, ejerce una de sus vicepresidencias. Por la importancia de
sus riquezas y su baja densidad poblacional, la RASD ha sido objeto del
expansionismo de su vecino norteño. En 1975 Marruecos lo invadió violando las
disposiciones de la ONU y de la Unión Africana.
Ante la pretensión marroquí, la Corte Internacional de Justicia,
en su dictamen del 16 de octubre de 1975, afirmó que el territorio nunca formó
parte de Marruecos antes de la presencia colonial española y, por tanto, no
tiene ningún lazo de soberanía con ese país. Marruecos se vio aislado y se
retiró de la Unión Africana tras ser condenado por la ocupación ilegal de parte
de la República Saharaui. Luego de 16 años de guerra, la RASD mediante el
Frente POLISARIO firmó con Marruecos, en 1991, un acuerdo de paz bajo los
auspicios de la ONU. El Consejo de Seguridad dispuso el envío de una misión
especial para materializarlo: Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum
en el Sahara Occidental (Minurso).
Los acuerdos prevén un cese el fuego y un referéndum.
Lamentablemente, no han sido aplicados por la falta de cooperación de
Marruecos, que ha buscado bloquear la consulta. Bajo los auspicios de la ONU,
luego de la Resolución 1754 del Consejo de Seguridad, que insta a las partes a
establecer negociaciones directas sobre la base de la búsqueda de la
autodeterminación del Sahara Occidental, saharauis y marroquíes sostuvieron en
junio un primer encuentro en Manhasset, Nueva York.
Aunque no se vislumbran avances debido a la propuesta marroquí
de autonomía que altera de modo sustancial los acuerdos de la ONU y del Plan de
Paz, la segunda reunión se agendó para el viernes. En este escenario, no pasa
inadvertido el viaje a Marruecos de algunos senadores chilenos encabezados por
el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores. Probablemente, Marruecos
querrá presentar esta visita como un respaldo a su postura unilateral de
Estatuto de Autonomía para el Sahara Occidental bajo su soberanía, situación
que sería altamente negativa. Primero, porque la postura representa la posición
de una de las partes en conflicto en total contraste con la posición del
Gobierno saharaui de cumplir las resoluciones de la ONU de hacer un referéndum
y que sean los saharauis quienes se pronuncien sobre su autodeterminación e
independencia. Segundo, porque mientras las conversaciones se desarrollan sería
una señal contradictoria con la postura del Estado chileno, que el 6 de octubre
de 2006 apoyó, en la Cuarta Comisión de Descolonización de la ONU, el Plan de
Paz para la libre determinación del Pueblo del Sahara occidental como solución
política óptima basada en el acuerdo entre las partes. Los saharauis exigen ni
más ni menos que el derecho de decidir su autodeterminación y soberanía en
cumplimiento de acuerdos internacionales pendientes.
Dos constantes han marcado las luchas de los pueblos africanos y
sus movimientos de liberación y descolonización en el siglo XX. Primero: ningún
conflicto de ocupación colonial o militar ajeno a un territorio y a una
población producto de un proceso de descolonización inconcluso triunfó o se
mantuvo. Segundo, los conflictos que no son olvidados y que logran concitar la
solidaridad y preocupación internacional acaban por solucionarse. La lucha del
pueblo saharaui no escapará en el siglo XXI de estas dos constantes históricas.