Pescan del Sahara
POR MÓNICA FERNÁNDEZ-ACEYTUNO
Estaba viendo las
noticias con mi marido y casi con sonido de trompetas se anunció la buena
nueva: Marruecos nos deja pescar en sus aguas. Salía la ministra con su
séquito, todos muy bien abrigados, porque en el mar hace frío por la mañana,
despidiendo a los barcos. «Zarpan hacia los caladeros marroquíes», decían una
vez y otra. Qué te apuestas, le comenté a mi marido, que nos han colado el caladero
canario-saharaui.
Mi padre acababa de
darme dos cosas. Una gumía que al final era de mi madre y le dijo, «perdona, si
no te importa, se la regalo yo» que es un broche, una daga diminuta y afilada,
labrada y de plata que llevo prendida en el pecho. Y unas hojas escritas, que
duelen como si me hubieran clavado en el corazón la gumía. Esta historia, me
dijo mi padre, para cuando quieras contarla, es preciosa: un día del año 1976,
unos individuos que no eran saharauis vocearon desde el acantilado a los marineros
canarios: «nasaranis, iros de aquí, a pescar a otros
lugares, estas ya no son vuestras tierras, marcharos a otras costas».
En la entrada de la
ONU, hay un gran mapamundi en el que se puede ver que la única gran región
pendiente de descolonización en todo el mundo es el Sahara occidental, pero Marruecos ofrece hoy estas costas como destino
turístico marroquí para el buceo, y saca partido pesquero de lo que no es suyo.
Porque vamos a pagar
la pesca en el banco canario-saharaui no a los canarios, ni a los saharauis,
sino otra vez a los que echaron a nuestros pescadores de las que fueron sus
aguas. Y ahora nos las alquilan. Y ahora las pagamos. Y encima sonríen las
autoridades diciendo adiós a los barcos. Ni la dignidad nos queda.